Actividades con profesorado

El sistema educativo actual está enfocado de manera predominante hacia el aprendizaje y adquisición de habilidades cognitivas, pasando con frecuencia por alto las competencias emocionales, las cuales dependen de la actividad de diferentes regiones cerebrales cuyo desarrollo puede por tanto verse inhibido debido a su desuso.

Según expone Daniel Goleman 12, la existencia de centros de procesamiento cerebrales diferentes tiene un origen evolutivo: mientras que las capacidades exclusivamente cognitivas se asientan en el neocórtex, el centro del pensamiento racional que se halla situado en la parte superior del cerebro constituyendo el estrato evolutivamente más reciente; las competencias personales y sociales lo hacen en otras regiones cerebrales mucho más profundas y antiguas, en los centros emocionales que rodean el tallo cerebral constituyendo el sistema límbico y, más en particular, en la anatomía y ramificaciones nerviosas de una estructura en forma de almendra denominada "amígdala", que se extienden hasta los lóbulos prefrontales, el centro ejecutivo del cerebro.

En resumidas cuentas, el cerebro almacena los diferentes aspectos de una experiencia en distintas regiones cerebrales y la amígdala almacena las emociones que nos suscita la experiencia en cuestión. De este modo, toda experiencia que haya despertado en nosotros una determinada reacción emocional (por más sutil que ésta sea) queda codificada en la amígdala, que a través de los circuitos nerviosos ligados a ella proporcionará al individuo una respuesta somática (una sensación "visceral") de la decisión que debe tomar ante una situación similar.

El aprendizaje intelectual difiere en muchos sentidos del aprendizaje emocional y, en consecuencia, los modelos didácticos de cada uno ellos también deberán ser diferentes. Tal vez el aula resulte el entorno más adecuado para el aprendizaje de las habilidades intelectuales y baste con leer o escuchar un concepto una sola vez para llegar a dominarlo. En cambio, el entorno más adecuado para el aprendizaje emocional y el cambio de conducta es "la vida misma", algo que exige práctica durante un largo tiempo.

El aprendizaje escolar consiste fundamentalmente en la acumulación de información y comprensión en los bancos de memoria del neocórtex y éste aprende acomodando los nuevos datos a las estructuras de asociación y comprensión preexistentes, lo cual amplía y enriquece los correspondientes circuitos nerviosos. Pero el aprendizaje de una competencia emocional requiere algo más: la participación de los circuitos nerviosos emocionales en los que se hallan almacenados los hábitos emocionales y sociales. Cambiar estos hábitos es una tarea más compleja que agregar nuevos hechos a los viejos, ya que este aprendizaje exige un cambio neurológico más profundo que pasa por debilitar los hábitos existentes y reemplazarlos por otros más adecuados.

La comprensión de esta diferencia de funciones cerebrales (Figura 1) resulta crucial para diseñar programas de formación en competencias emocionales, que partan de la premisa de que el cambio de un hábito basado en la Inteligencia Emocional exige una estrategia de aprendizaje completamente nueva, que requiere una comprensión de los fundamentos del cambio de conducta.

Profesorado

12 - Goleman, D. (1998). La práctica de la inteligencia emocional. Barcelona: Kairós.

Profesorado
Termómetro de las emociones

El trabajo con fruta en los colegios puede ayudar a los niños a conocer mejor su estado de ánimo.

Propuestas de actividades para trabajar la inteligencia emocional en el aula

Con el fin de que en el contexto cotidiano del aula el profesorado pueda continuar abordando el desarrollo de la Inteligencia Emocional del alumnado, a continuación se proponen tres actividades desarrolladas por Fundación Atenea, diseñadas e implementadas con anterioridad con este objetivo concreto.

Son actividades con un carácter práctico y lúdico que emplean una metodología participativa, partiendo siempre de las necesidades de los menores. Mediante estas actividades guiadas a través de las emociones se potenciarán en ellos actitudes positivas que les ayuden en su día a día.

Actividad 1: Termómetro de las emociones
  • Objetivo: Comprobar las emociones diarias de los niños y niñas.
  • Material: Folios y lápices de colores.
  • Descripción: Esta actividad nos permite comprobar el estado de ánimo diario de los niños y las niñas. Deberá colorear en su termómetro el nivel donde se encuentra desde “la tristeza a la alegría”. Para introducir la actividad podemos utilizar un texto similar a éste:
"Mira estos termómetros, normalmente los usamos para saber si estamos enfermos y si ha subido o bajado nuestra temperatura. Ahora vamos a aprender a utilizarlos para medir nuestras emociones, si nos encontramos bien o mal, alegres o tristes, contentos o enfadados… Préstales mucha atención porque tendrás que utilizarlos cada día y funcionan de forma distinta a los termómetros que usamos para medir la fiebre. El termómetro emocional nos dice que: Cuanto más alta sea la temperatura emocional, mejor me siento."
Actividad 2: Diario de los sentimientos
  • Objetivos: Desarrollar las competencias emocionales, fomentar el conocimiento y la conciencia sobre las emociones, así como favorecer la capacidad de reconocer e identificar emociones.
  • Material: Cuaderno, libreta, diario, etc.
  • Descripción: La actividad consiste en elaborar un diario emocional que permita la autoconciencia de las propias emociones. La reflexión sobre los propios estados emocionales es la base de la Inteligencia Emocional y el desarrollo de las habilidades emocionales que permitan regular los estados emocionales, permitiendo que sean autocontroladas las emociones propias y no éstas las que controlen a las personas.

Para comenzar la dinámica, se explica a los niños y las niñas cuáles son las emociones básicas: miedo, ira, alegría, sorpresa, disgusto y tristeza. Para ello tendrá en cuenta la edad del alumnado y pondrá ejemplos que entiendan.

"Todas las personas tienen emociones, diferentes en determinados momentos a lo largo del día, muy importante conocer la emoción que estamos sintiendo, saber cómo la expresamos y si nos hace sentir bien o mal, para poder cambiarla en el caso de que no nos haga sentir bien. Para hacer la reflexión vamos a elaborar cada uno un diario emocional, donde anotaremos las emociones que sentimos, siguiendo el siguiente esquema:

  • ¿Cómo me siento?
  • ¿Por qué me siento así?
  • ¿Esta emoción me ayuda en la situación y momento actual? ¿Qué puedo hacer para mantenerla? O ¿Qué puedo hacer para cambiarla y sentirme mejor?

Cada día tendrá que anotar al menos una vez al día cómo te sientes y responder a las preguntas. Podéis anotar todas las veces al día que querías”.

Cada uno de los niños y niñas, tendrá su cuaderno, libreta o diario. Cada uno de ellos le pondrá una portada y lo decorará a su gusto. Todos los días deben anotar en él las emociones que sienten.

Actividad 3: La Asamblea
  • Objetivos: En esta actividad el alumnado aprenderá a debatir y a tomar parte en un tema de actualidad en su ámbito cotidiano, desarrollando Competencias Emocionales Interpersonales. Pueden ser propuestos: Qué emociones personales han predominado en el aula durante la semana; reparto de tareas en casa; la importancia del reciclaje, el respeto a las personas mayores, y la alimentación saludable.
  • Material: Pizarra.
  • Descripción: La Asamblea y el debate se construyen sobre reglas a tener en cuenta.

Cuando quedan claras estas reglas, se puede empezar con el desarrollo del debate, que incluye los siguientes apartados:

  • Hacer dos grupos, más o menos equitativos posicionándose a favor o en contra del tema a tratar.
  • Preparar los argumentos para defender el tema.
  • Durante el resto de la clase, ambos grupos intentarán defender su posición frente a la de sus compañeros.
  • Aportar propuestas y/o soluciones.
  • Al final del debate, cada uno podrá exponer su opinión, coincidente o no con el papel teatral desarrollado en el debate.